LA IMPORTANCIA DE LA ALIMENTACIÓN EN LA FLORA INTESTINAL

La microbiota intestinal es el conjunto de microorganismos que viven en nuestras mucosas intestinales (bacterias y hongos) que cooperan entre ellos y con el organismo que los hospeda garantizando ventajas recíprocas e influyendo en numerosos procesos fisiológicos. Se ha demostrado también que existe un eje comunicativo bidireccional entre el Sistema Nervioso Central y la mucosa intestinal a través de mediadores del sistema endocrino e inmunitario. Así sus respectivas alteraciones desencadenan un mal funcionamiento de todo el organismo (modificando sistema inmune, humor, comportamiento, la percepción del dolor, obesidad ....).


Tanto la salud como la enfermedad dependen de múltiples factores. Influyen en ella el ambiente, la actividad laboral y física, la actitud mental y sobre todo la alimentación. Así para mantener una buena salud es indispensable controlar el consumo de ciertos alimentos que pueden alterar la microflora intestinal o que pueden traer efectos perjudiciales para el funcionamiento de nuestro organismo como los alimentos conservados, procesados e industriales, hidratos de carbono refinados....

Las dietas deben ser variadas y equilibradas y por ello hay ciertas consideraciones a tener en cuenta respecto a algunos grupos de alimentos:

 

LECHE Y LÁCTEOS: alimentos que aumentan la producción de moco

El componente proteico que presente en la leche y derivados está formado principalmente por fosfoproteinas que poseen una estructura tridimensional compleja y que forman la familia de las CASEINAS. Son naturalmente viscosas por lo que puede acumularse en el intestino e inflamar las mucosas. Esta inflamación provoca la producción de moco tanto a nivel intestinal como en otras mucosas. Así la inflamación intestinal determina la producción de moco respiratorio y dificulta la función del aparato respiratorio de drenaje y limpieza de dichas vías por lo que se recomienda reducir la ingesta de esta esta familia de alimentos en niños o adultos con problemas respiratorios crónicos o recidivantes.

 

 AZUCARES: reducción de las defensas del organismo  

El azúcar reduce sensiblemente la capacidad de los neutrófilos (un tipo de glóbulos blancos) de fagocitar y destruir bacterias. Esto hace que el organismo se vuelva más vulnerable a los ataques de patógenos y prolonga el tiempo para resolver las infecciones. Además la digestión de los azúcares y carbohidratos refinados produce moléculas que aumentan la acidez del organismo.


CARNE: provoca disbiosis y acidifica el organismo

Está demostrado que la flora bacteriana de nuestro intestino está fuertemente influenciado por la alimentación y que la bacterias intestinales están implicadas en la etiología de muchas patologías, de las cuales las más importantes son las afecciones inflamatorias intestinales. La fermentación y putrefacción de los residuos proteicos inutilizados por la flora intestinal genera moléculas como la putrescina o cadaverina responsables del mal olor de las heces. Aminas, amoniaco y fenoles derivados de la putrefacción de las proteínas de origen animal son factores de riesgo para el desarrollo de afecciones intestinales. Además las proteínas animales a diferencia de las vegetales aumentan la acidez del organismo y en consecuencia también nuestra sangre y tejidos y nuestro cuerpo tendrá que consumir más energía para reparar los daños causados por el metabolismo de dichas proteínas.

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