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LA RESPIRACIÓN EN EL BEBÉ ES DIFERENTE A LA DEL ADULTO.
LAVADOS NASALES: ¿SOLUCIONES FISIOLÓGICAS O MARINAS?
La nariz es un órgano de gran importancia en nuestro cuerpo ya que a través de ella se realizan funciones básicas para nuestra supervivencia. Junto a la boca, es la zona del cuerpo por el que ingresa el aire en nuestros pulmones, los responsables de la respiración. Pero este aire no siempre es puro por lo que constituye la primera barrera de defensa. Actúa como sistema de filtrado impidiendo la entrada de virus, bacterias, alergenos, humo, polvo...protegiéndonos de infecciones o alergias.
Es el órgano del olfato. Una nariz limpia es capaz de percibir hasta 10000 olores.
Otra función importante de la nariz es optimizar la calidad del aire antes de entrar a los pulmones protegiéndolos de daños. Así se encarga de calentar, humidificar y filtrar el aire que respiramos.
Muchos bebés padecen durante sus primeros meses o incluso años de vida problemas derivados de la anatomía de sus fosas nasales y del oído que les lleva a padecer de sucesivas sinusitis o incluso otitis. El sistema respiratorio del bebé es diferente al del adulto, de ahí que su respiración también lo sea. Anatómicamente presenta varias diferencias con el del adulto:
- Los bebés tienen la trompa de Eustaquio en posición más horizontal. Esto provoca que el drenaje de la mucosidad del oído sea más difícil y el moco se acumule con mucha facilidad. Por eso los bebés sufren más a menudo de otitis que los adultos.
- Su paladar blando está muy cerca de la epiglotis (lengüeta que cierra aparato respiratorio o digestivo según sea el proceso, respiratorio o de deglución).
Esto hace que los bebes en los primeros meses de vida no sepan respirar por la nariz y lo hagan por la boca.
Debido a estas características y al pequeño diámetro de las fosas nasales en los bebés, cualquier obstrucción en la nariz provoca dificultades en la respiración, alimentación y sueño derivando incluso en otitis u otros trastornos. Por ello la limpieza nasal es básica para permitir que respire sin problemas además de inculcarle unos hábitos higiénicos que le ayuda a mantener las mucosas hidratadas y limpias y así evitar contagios.
Estos lavados nasales pueden hacerse bien con soluciones fisiológicas o soluciones “marinas” (agua de mar hiper o isotónicas). Las primeras sólo incluyen en su composición cloruro sódico a una concentración de 9%0 mientras las aguas de mar contienen además oligoelementos que ayudan a reducir la inflamación de la mucosa nasal y a regenerar el epitelio interior. Los minerales y oligoelementos suelen ser Potasio, Calcio, Magnesio o Zinc.
Algunas fórmulas se presentan con diferentes presiones de salida según el grado de congestión nasal. Para los bebés desde el primer día debe utilizarse la fuerza Extra suave. Los niños con edad a partir de 1 año pueden utilizar la Fuerza 1 y para los a de Fuerza mayores de 2 años o incluso adultos la Fuerza 2 (siempre en función de la obstrucción nasal). Existen también sprays descongestionantes que asocian el agua de mar con aceites esenciales de eucaliptus que descongestionan con una sensación de alivio más inmediato pero SOLO puede emplearse en MAYORES de 6 AÑOS o adultos.
En algunas ocasiones esta formulación hipertónica puede producir demasiada sequedad en la mucosa por lo que ya existen fórmulas que contrarrestan este efecto secundario incorporando ácido hialurónico o aloe vera para aportar humedad y confort.
La forma de lavar con estos dispositivo de agua a presión es tumbando al bebé, girando su cabecita hacia un lado y aplicar el producto en el orificio nasal superior. Tras unos segundos se repite en el otro orificio girando la cabecita hacia el otro lado. Finalmente se le incorpora para que termine de expulsar la mucosidad.
El mejor momento del día para la higiene nasal es antes de darle de comer para facilitarle la ingesta y antes de acostarle para que respire mejor y duerma mejor.
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