La intensa radiación lumínica del verano junto con el aumento de horas de sol y la exposición prolongada pueden dañar nuestros ojos. Las piscinas, el agua del mar y la altitud en las excursiones a la montaña además de la disminución de la capa de ozono han hecho que aumenten las enfermedades oculares como la querato-conjuntivitis actínica, las degeneraciones retinianas o las úlceras corneales. 

Por eso el uso de gafas de sol de calidad es un accesorio que va más allá de la moda. Deben cumplir ciertos requisitos como:

-Cumplir el estandard europeo con un grado de absorción especificado (0-4).

-Bloquear el paso de la luz al menos un 75%.

-Los cristales deben llevar filtros de radiación UVA y evitar su paso al menos un 95%.

-Especificar la marca CE como estandard de calidad.

En el caso de piscinas ciertos elementos como el cobre o el cloro pueden producir irritación o conjuntivitis al igual que derivados del petróleo en el mar por lo que es recomendable el uso de gafas de natación homologadas.

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